Por mucho que tomemos la bandera de la digitalización, por mucho que avancemos en la robotización de tareas mecánicas penosas y repetitivas, o de tareas repetitivas intelectuales (RPA), el elemento clave y estratégico por excelencia sigue siendo la persona.

La persona debidamente motivada e implicada es la que va a hacer que los procesos, digitales o no, funcionen.

Dejando al margen el debate de cómo influye la digitalización en el mercado de trabajo, aspecto sobre el que ya he manifestado mi opinión, hoy por hoy la productividad depende muy directamente del comportamiento de las personas que componen la plantilla.

Se equivoca el que busque la rentabilidad reduciendo la plantilla o disminuyendo los costes laborales. Estas políticas, favorecidas por la regulación laboral, serán necesarias en algunas empresas que han perdido el mercado y entran en crisis. También pueden ayudar a aumentar la rentabilidad de una empresa a corto plazo.

Pero para mantener a largo plazo la eficacia, eficiencia y la competencia, es necesario, además de la tecnología, tener la mejor plantilla, bien dimensionada, formada, movilizada y comprometida. Y la receta es clara, no solo influye la retribución, sino que es muy importante la conciliación, los horarios, la carga de trabajo, su consideración como persona, su progreso, su plan de carrera y, en definitiva, el modelo de gestión de la empresa.

No hace mucho leí un muy interesante artículo de opinión, publicado en El País, con el que me considero totalmente identificado. Lleva por título “El absentismo nos enferma”, de fecha 6 de octubre de 2017, firmado por Francisco Bragulat, profesor del Master en Recursos Humanos de ICADE.
El artículo parte de la suposición que los índices de absentismo y de paro tienen una evolución acorde. Esa premisa no se sostiene con las actuales estadísticas: el absentismo estaba en 4,88% a finales de 2016, con una tasa de paro del 18,63%. Con la tendencia que lleva pronto puede estar en el 5,5%, con porcentajes de paro por encima del 15%. A finales de 2007 el paro se situaba en el 8,3% y el absentismo en el 4,9%. ¿Qué está ocurriendo? El autor señala tres motivos nuevos:

– La falta de compromiso del trabajador con la empresa, por el cambio de percepción del empleado que le lleva al desarraigo.
– El aumento de la edad media de los trabajadores, debido a la falta de nuevas contrataciones. Implica un mayor tiempo medio de la baja laboral.
– La falta de recursos del sistema público de salud.

Del lado de la empresa el problema no es sólo económico, sino que tiene repercusiones en calidad, imagen y seguridad. La sustitución, cuando se realiza, la asume una persona que no tiene el mismo conocimiento y, al final, repercute en el resto de la plantilla “no absentista” provocando un nuevo descontento.
La solución: trabajar para restaurar los vínculos no tangibles entre el trabajador y la empresa, fomentando la motivación y el compromiso de los trabajadores, con ello se mejorará la salud de la empresa.
¿Cómo podemos ayudar desde la consultoría? Pues con estudios de clima laboral para detectar las percepciones de los trabajadores, implantando sistemas de gestión por competencias y sistemas de compensación con tramo variable en función de objetivos. Desde Atrilo podemos ayudarle.